Mayo, 2014Archive

May 09

Desde que tengo uso de razón, siento una extraña fascinación por las hogueras. El sonido de las llamas ardiendo me produce una calma indescriptible.

La historia que voy a contar sucedió no hace mucho en un bosque que se encuentra a unos 8 km de mi hogar. Sucede que mi padre y mis hermanos nos fuimos a acampar a este sitio con el objetivo de pasar un tiempo en contacto con la naturaleza.

A mi hermano Alvin, el más chico de los tres, la idea de irnos de campamento nunca fue de su agrado. Pues decía que a lo mejor una bestia saldría en medio de la oscuridad y nos mataría.

Por tal motivo, mi hermano Roberto le reiteraba en repetidas ocasiones leyendas cortas y cuentos de terror para que ni siquiera en el trayecto hacia allá, tuviera la oportunidad de conciliar el sueño.

Llegamos al lugar y nos sorprendió que la zona donde íbamos a acampar estuviera muy concurrida. Adonde quiera que mirásemos, notábamos la presencia de campers. Mas a mi padre eso parecía no preocuparle, ya que es una de esas personas a la que le gusta (y además se le da muy fácil) el proceso de “socialización”.

Pronto una señora se le acercó a mi papá y le dijo:

- Tenga cuidado señor, aquí rondan los vampiros, sobre todo en las noches. No eche en saco roto mi advertencia.

Luego de ese infrecuente suceso, me le acerqué a papá y le comenté:

- Mejor vámonos. Algo hay en esa mujer que me dio mala espina.

- Eso que acabas de oír hijo mío, son sólo leyendas cortas y cuentos de terror.

Oscureció rapidísimo. Nos metimos a nuestra tienda y cuando el reloj marcó la una de la madrugada Alvin se levantó y salió con dirección a los árboles. Era como si estuviera poseído, me levante tras él y vi que la mujer con la que mi padre había conversado en la tarde, le había mordido el cuello.

De su espalda de mi hermano, brotaron dos alas de murciélago y en un suspiro se perdió en la oscuridad de la noche.

May 09

Diego necesitaba urgentemente una fuente de ingresos, pues su esposa requería que le realizasen una intervención quirúrgica bastante costosa. Motivo por el cual fue al puesto de periódicos y le pidió al voceador que le vendiera un diario y una revista de leyendas cortas y cuentos. Claro que esta última era solamente para matar el tiempo.

Volviendo a nuestra historia, uno de los desplegados que se encontraban en el periódico, llamó poderosamente su atención. El anuncio decía lo siguiente:

“Pago $30,000 a quien desazolve una alcantarilla ubicada en el patio de mi propiedad”.

Entonces el hombre copió el número de teléfono y se comunicó lo más pronto posible con la persona que había puesto la mención.

- Disculpe, únicamente tengo una duda. Es real lo que pide o se trata de una broma de mal gusto. Cuestionó Diego.

- Desde luego que no es ninguna guasa, es más, le pago en efectivo si se deshace de mi problema.

- Siendo así, llegaré a su domicilio a las seis de la tarde.

Diego llegó puntualmente a la cita y el hombre ya lo estaba esperando con la coladera destapada. Del interior de ésta, no emanaba ni el más mínimo olor fétido. Sin embargo, se oía un leve sonido como el que produce el agua al momento de chocar contra una pared.

Alumbrándose con una linterna bajó la escalerilla de metal sucia y oxidada. No bien había tocado el piso cuando el dueño de la propiedad exclamó:

- ¡Hora de comer Eduviges!

Acto seguido cerró la compuerta de la cloaca ignorando las súplicas que Diego le lanzaba:

- Por piedad, no me deje aquí con esta cosa.

Bruscamente los gritos fueron acallados por los rugidos de una bestia que se hallaba oculta en las profundidades. Era nada más y nada menos que una rata gigante, a quien el dueño de la casa cariñosamente bautizó con el nombre de Eduviges.

Resultó que ese señor estaba obsesionado con los cuentos de terror cortos sobre la creación de monstruos a través de experimentos genéticos.

May 09

En la empresa en la que yo laboraba cada quien tenía su propia historia sobre cómo había muerto el dueño anterior.

Las leyendas eran muchas. Una de las más recurrentes era que se había suicidado por presiones laborales, subiendo a la azotea y aventándose al vacío. Otra decía que su esposa lo había descubierto en un amorío con “Lupita”, su asistente personal.

Lo cierto es que nadie se atrevía a entrar solo al elevador a la hora de la salida, ya que decían que el alma de Gustavo Zárate se aparecía allí.

Por desgracia, un día mi jefe me dejó como encargado de un proyecto y tuve que salir pasadas las ocho de la noche. Como tengo problemas de espalda y mi área de trabajo se ubicaba en el octavo piso, mi única solución para bajar hasta el estacionamiento era utilizar el ascensor.

En cuanto entré ocurrió una falla eléctrica dejándome atorado entre piso y piso. En lo que esperaba a que llegara la ayuda, una voz me repetía una frase:

“Lupita tiene el fistol, Lupita tiene el fistol”.

No fue extraño que no sintiera temor, pues sabía por todas las leyendas que había escuchado a lo largo de mi vida, que en algunas ocasiones estas apariciones no encuentran su “descanso” hasta que resuelven un asunto en particular.

Al día siguiente, me le acerqué a Lupita y le dije:

- ¿Dónde tienes el fistol de don Gustavo?

La mujer palideció inmediatamente y comenzó a gritar como una desquiciada:

- Ya no puedo seguir callando más la verdad, yo lo maté, yo lo maté.

- ¿A quién? ¿Por qué? Pregunté.

- A Gustavo, me dijo que se divorciaría de su mujer pero eso no fue más que una mentira. Esperé cinco años para que tomara una decisión. Al final me di cuenta que ese día no iba a llegar.

Llamamos a la policía y ella no opuso resistencia. Al poco tiempo, cerraron la compañía y todos quedamos desempleados.

historias de ultratumba